Tiendas de peluches Torrelavega Cantabria

Se abraza a su peluche cuando le dejas solo en su cuarto, o mientras le examina el médico... No te extrañes, es una conducta normal a su edad. Aquí encontrarás más información sobre los objetos afectivos de los niños...

Psicologia Arco Joaquin Hoyos, 1 - 1º A  
942897327
Joaquin Hoyos 1
Torrelavega, Cantabria
Servicios Medicos De Campoo S.L.  
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Hermilio Alcalde Del Rio 7
Torrelavega, Cantabria
Jubete Gutierrez Susana
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Joaquin Hoyos 1
Torrelavega, Cantabria
Gonzalez Ruiz Maria Antonia
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Serafin Escalante 10
Torrelavega, Cantabria
Consultorio Medico Practicante El Parque S. Cv.  
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España 8
Torrelavega, Cantabria
Psicologa Ana Belen Del Val Gonzalez Psicologa  
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Jose Maria Pereda 17
Torrelavega, Cantabria
Psicologa Ana Belen Del Val Gonzalez Jose M.ª Pereda, 17  
942890365
Jose Maria Pereda 17
Torrelavega, Cantabria
Gabinete De Psicologia Manzanare  
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Jose Posada Herrera 7
Torrelavega, Cantabria
Gonzalez Mediavilla Juan Jose
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Martires 13
Torrelavega, Cantabria
De La Peña Quijano Silvia
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Consolacion 28
Torrelavega, Cantabria
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Su Peluche: Amigo Inseparable



Este juguete le da seguridad y le ayuda a afrontar sin ti las situaciones que le resultan más difíciles. Estos objetos cuya presencia calma a los niños y rebaja su tensión son llamados por los psicólogos “objetos afectivos o de transición”.

La mayoría de los pequeños tienen un objeto afectivo en el periodo que abarca desde los 8 meses hasta los 2 o 3 años. Esta mascota cumple una determinada tarea en cada etapa del desarrollo (les consuela, les acompaña, les hace tomar conciencia de sí mismos), pero a los 2 años sus funciones fundamentales son ayudar a los pequeños a reafirmar su personalidad y facilitarles la tarea de independizarse de su madre.

Aunque hay algunos niños que se aferran a un pañuelo o a su almohada, a esta edad el objeto afectivo suele ser un muñeco o un peluche. El motivo es que el niño le dota de vida y lo utiliza para expresar tanto su alegría y su cariño como su pena y su frustración.

Por eso debe tener forma de persona o de animal, para poder hablarle, mecerlo, regañarle cuando “se porta mal”, hacerle mimos, darle de comer, acostarlo... No es cierto que tener una mascota denote carencias afectivas. Muchas veces el pequeño la quiere simplemente para imitar a sus padres.

El momento del adiós

A finales del segundo año el niño está más maduro y ya no necesita su objeto afectivo constantemente, solo en momentos puntuales (como cuando sus padres le dejan para irse a trabajar, por ejemplo). Aun así, no hay que quitárselo hasta que se haya olvidado por completo de él.

Dejar que lo use todo el tiempo que le haga falta fortalece su personalidad, aumenta su autoconfianza y le hace más autónomo. Por el contrario, retirárselo cuando aún lo necesita le produce inseguridad.

Aun así, si tu hijo cumple 3 años y sigue aferrado a su objeto de transición, ayúdale a ser más autónomo limitándole su uso. No dejes que se lo lleve a la calle (con él en la mano no podrá subirse a los columpios) y en casa resérvaselo para momentos concretos de la jornada. En esos días dedícale una atención extra y habla mucho con él. Poco a poco se irá sintiendo más seguro y no necesitará ir siempre con su amigo bajo el brazo.

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