Tiendas de peluches Santander Cantabria

Se abraza a su peluche cuando le dejas solo en su cuarto, o mientras le examina el médico... No te extrañes, es una conducta normal a su edad. Aquí encontrarás más información sobre los objetos afectivos de los niños...

Lopez Baños Fernando
942214787
Marques Del Arco 1
Santander, Cantabria
Gonzalez Lugo Miguel Javier
942364241
Isabel Ii 10
Santander, Cantabria
Psicologo Lopez-Baños, Fernando Marques Del Arco, 1  
942214787
Marques Del Arco 1
Santander, Cantabria
Arauna Rodriguez Matilde
942219711
Leña (La) 4
Santander, Cantabria
Ernesto Estrada Suazo
942 313 122
Castelar 3 4º Dcha.
Santander, Cantabria
Gabinete Psicologico  
942360894
Calderon De La Barca 15
Santander, Cantabria
Fuertes De Uña Maria Del Carmen
942376209
San Fernando 62
Santander, Cantabria
Hernandez Fernandez Mercedes
942244076
Numancia 4
Santander, Cantabria
Lopez Martinez Maria Luisa
942331540
Vargas 75
Santander, Cantabria
Parraza Huerta Inmaculada
942050583
Juan De Herrera 2
Santander, Cantabria
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Su Peluche: Amigo Inseparable



Este juguete le da seguridad y le ayuda a afrontar sin ti las situaciones que le resultan más difíciles. Estos objetos cuya presencia calma a los niños y rebaja su tensión son llamados por los psicólogos “objetos afectivos o de transición”.

La mayoría de los pequeños tienen un objeto afectivo en el periodo que abarca desde los 8 meses hasta los 2 o 3 años. Esta mascota cumple una determinada tarea en cada etapa del desarrollo (les consuela, les acompaña, les hace tomar conciencia de sí mismos), pero a los 2 años sus funciones fundamentales son ayudar a los pequeños a reafirmar su personalidad y facilitarles la tarea de independizarse de su madre.

Aunque hay algunos niños que se aferran a un pañuelo o a su almohada, a esta edad el objeto afectivo suele ser un muñeco o un peluche. El motivo es que el niño le dota de vida y lo utiliza para expresar tanto su alegría y su cariño como su pena y su frustración.

Por eso debe tener forma de persona o de animal, para poder hablarle, mecerlo, regañarle cuando “se porta mal”, hacerle mimos, darle de comer, acostarlo... No es cierto que tener una mascota denote carencias afectivas. Muchas veces el pequeño la quiere simplemente para imitar a sus padres.

El momento del adiós

A finales del segundo año el niño está más maduro y ya no necesita su objeto afectivo constantemente, solo en momentos puntuales (como cuando sus padres le dejan para irse a trabajar, por ejemplo). Aun así, no hay que quitárselo hasta que se haya olvidado por completo de él.

Dejar que lo use todo el tiempo que le haga falta fortalece su personalidad, aumenta su autoconfianza y le hace más autónomo. Por el contrario, retirárselo cuando aún lo necesita le produce inseguridad.

Aun así, si tu hijo cumple 3 años y sigue aferrado a su objeto de transición, ayúdale a ser más autónomo limitándole su uso. No dejes que se lo lleve a la calle (con él en la mano no podrá subirse a los columpios) y en casa resérvaselo para momentos concretos de la jornada. En esos días dedícale una atención extra y habla mucho con él. Poco a poco se irá sintiendo más seguro y no necesitará ir siempre con su amigo bajo el brazo.

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