Risoterapia y Salud Alicante Valencia

El estudio científico de las emociones positivas ha sido tradicionalmente evaluado como actividad frívola y por ello ha merecido poca atención por parte de la investigación (Fredrickson, 2003). Continúe leyendo...

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Risoterapia y Salud

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Te gusta reír y hacer que los otros sonrían. Es fácil para ti ver el lado divertido de la vida. M. Seligman

La tendencia a estudiar los factores que amenazan al bienestar personal ha llevado a centrarse esencialmente en las emociones negativas, olvidando el valor de las positivas (Sears, 1983). Damos por sentado que lo positivo es lo “normal” y lo “natural” y por este motivo se presupone y no se le presta mayor interés, es por este motivo que hasta muy recientemente no ha requerido muchas explicaciones ni investigaciones.

En los últimos tiempos esta tendencia está cambiando y numerosos psicólogos han comenzado a investigar la función adaptativa de las emociones positivas en el marco de la psicología positiva (Seligman, 2002).

En este contexto, el trabajo con las emociones positivas se está transformando en una valiosa herramienta terapéutica y también en un poderoso recurso para proporcionar bienestar, esperanza, satisfacción y en definitiva salud.

Las emociones son constructos muy complejos, y definirlas no es una tarea sencilla. Existe cierto consenso al respecto, considerando que son tendencias de respuesta de gran valor adaptativo, que afectan a la memoria, la experiencia subjetiva, al pensamiento, al procesamiento de la información, etc. y que surgen ante la evaluación de algún acontecimiento antecedente.

Las emociones negativas (miedo, ira, rabia, asco, tristeza, etc.) se asocian a tendencias de respuestas claras y específicas. Cuando una persona siente miedo sus sistemas de alerta se activan, se dispone a luchar o a huir. Este tipo de reacciones permiten salvar la vida en situaciones críticas, lo que refleja el enorme valor para la supervivencia las emociones negativas. Por el contrario, al sentir una emoción positiva, alegría, esperanza, diversión, etc. la tendencia de respuesta es más ambigua e inespecífica. Así, la utilidad de respuestas para la supervivencia no resulta tan evidente, especialmente porque no es inmediata. No obstante, no debe obviarse, puesto que es muy posible predecir otros beneficios derivados de las emociones positivas (Ekman, 1994)

Bárbara Fredrickson ha abierto una línea de investigación centrada en las emociones positivas y el valor adaptativo de las mismas. Desde esta línea de investigación se plantea la Teoría abierta y construida, teoría que sostiene que emociones como la alegría, el entusiasmo, la satisfacción, etc. aunque distintas entre sí, comparten la propiedad de ampliar el repertorio cognitivo y conductual y de construir reservas de recursos disponibles para crisis futuras. Las emociones positivas son agradables a corto y medio plazo y a largo plazo preparan a los individuos para tiempos futuros más duros y fomentan la felicidad. Las emociones positivas promueven el espíritu lúdico, la creatividad, el autocontrol, el pensamiento racional, la conducta prosocial, el crecimiento personal, la conexión social, etc. posibilitando al individuo a tener una vida plena y satisfactoria, dotando a las personas para poseer habilidades y estrategias en momentos de conflicto, logrando así un estado general de bienestar y salud.

Las emociones positivas tienen mucho que ver con el sentido del humor. El sentido del humor tiene atribuidos numerosos beneficios psicológicos (alegría, bienestar, satisfacción, entre otros), físicos (tolerancia al dolor, activación del sistema inmunológico, mejora del sistema cardiovascular) y sociales (motivación, comunicación, etc.) y las emociones positivas a su vez aumentan la propia disposición al humor.

No cabe pues ninguna duda de que la risa y el sentido del humor merecen un importante protagonismo dentro de la psicología positiva y el bienestar.

La risa produce una de las sensaciones más placenteras de la experiencia humana y el sentido del humor es una de las principales fortalezas del ser humano.

La sonrisa es una expresión humana innata, todos los niños sonríen, empiezan a hacerlo a partir de las seis semanas de vida. Una vez descubierta esta capacidad, el niño pasa mucho tiempo jugando a sonreír, especialmente si son estimulados para ello. El niño aprende así muy pronto que sonreír es amistoso, divertido y algo que produce en los demás respuestas agradables, de atención, afecto, contacto e interés. Así la sonrisa se constituye como el primer lenguaje del bebé. Las sonrisas compartidas ofrecen una vía de comunicación, de interacción y de relación.

La mayoría de las teorías sobre la sonrisa coinciden en aceptar que en el inicio sonreír constituye un comportamiento físico que, poco a poco, va evolucionando hasta convertirse en una conducta emocional, mental e incluso espiritual.

La risa tarda más en aparecer que la sonrisa. Los primeros signos visibles de la risa suelen producirse entre la cuarta y la décima semana de vida y se considerará como una conducta establecida a partir del cuarto mes. La risa juega un papel similar al de la sonrisa en la creación y mantenimiento de relaciones interpersonales positivas, gozosas y reafirmantes de la vida.

Todos los niños nacen con un potencial creativo superabundante para la risa, la diversión, el juego, la felicidad y el amor (Holden 1999). Potencial que vamos abandonando a lo largo de nuestro crecimiento, desarrollo y socialización a favor de una seriedad, en algunas ocasiones estéril y en muchas más innecesaria. Los seres humanos nos trastornamos a nosotros mismos con pensamientos irracionales, subjetivos y excesivamente serios. Creamos nuestras propias “camisas de fuerza” mentales, dogmáticas y exentas de humor al dejarnos llevar por los “deberías”, “es necesario que…” y “tienes que…” ilusorios (Ellis, 1976)

Definiremos la risa como una reacción psicofisiológica caracterizada por unas vocalizaciones repetitivas (ja-ja-ja, je-je-je), una expresión facial, unos movimientos corporales característicos y una serie de procesos neurofisiológicos concretos (cambios respiratorios y circulatorios, activación del sistema dopaminérgico y demás circuitos neuroquímicos, etc.) y una sensación subjetiva que llamamos hilaridad y que tiene un carácter placentero (Carbelo y Jáuregui, 2006).

La risa es considerada la causa o consecuencia de una emoción positiva. El goce que la risa puede proporcionar ha llegado a comparase con el orgasmo y otras reacciones placenteras del organismo. De hecho, la risa activa el sistema de recompensas mesolímbico dopaminérgico, sistema asociado a diversos placeres hedónicos (Reiss, Mobbs, Greicius, Eiman y Menon, 2003)

El humor y la risa son fundamentales en la relación psicoterapéutica y en las profesiones de la salud en general. El humor y la risa que se deriva de él puede servir para establecer la relación terapéutica, para orientar el diagnóstico, fomentar la comunicación, reducir resistencias, miedos, ansiedad, para facilitar la expresión emocional y promover la autobservación y el distanciamiento. El humor positivo y la risa no son sólo relevantes para la salud de los pacientes sino también para la salud física y psicológica de sus cuidadores, sean médicos, psicólogos, enfermeros, etc. Las profesiones de ayuda, concretamente la atención sanitaria, en la que se está constantemente en contacto con el dolor y sufrimiento de otros seres humanos, resultan altamente estresantes. A las presiones y escasez de medios se añaden situaciones emocionales altamente perturbadoras, escenas desagradables, extenuantes responsabilidades, etc., elementos estos que puede alterar el equilibrio psicológico del profesional.

Los profesionales podríamos lidiar más fácilmente con ese estrés si tuviésemos en nuestro repertorio adecuadas estrategias de afrontamiento y de adaptación. Desgraciadamente en la formación pre y postgrado de los profesionales de la salud se ha hecho énfasis en la preparación técnica relegando al olvido aspectos esenciales como el autocontrol, la autoestima, la automotivación, la comunicación y el humor, entre otras emociones positivas. El profesional de la salud debe atender no sólo a las necesidades del paciente, sino también a sus propias demandas de cuidado. Requerimos altas dosis de energía, optimismo y buen humor con el objeto de autoayudarnos a controlar nuestra frecuente frustración, impotencia, y dolor derivados del contacto con seres humanos dolientes. Estas habilidades, estrategias, aptitudes y actitudes positivas resultarán muy beneficiosas para los profesionales mismos y para todas las personas del entorno.

“El humor es un constructor del ego y la risa un potencial triunfo de ese ego. La risa es una de las grandes series de métodos que la mente humana ha construido para evadirse de la compulsión al sufrimiento, mediante la risa una persona se niega a sufrir, enfatiza la naturaleza invencible de su ego ante el mundo real y conserva intacto el principio del placer sin rebasar las fronteras de la salud mental”. Sigmund Freud

La capacidad para reírse de uno mismo es una inmunidad psicológica vital contra una moderna enfermedad del pensamiento: el “exceso de seriedad”.

El objetivo de esta ponencia es proponer la risa, el humor, como una herramienta mental y emocional que, con frecuencia propiciará un pensamiento equilibrado, objetivo y racional, orientándonos a la felicidad, plenitud y bienestar personal

No reímos porque somos felices, sino que somos felices porque reímos.
William James

De: Cristina Martínez Brotóns

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