Pruebas Toyota iQ 1.0 VVT-i Palma Baleares

En un golpe de ingenio Toyota ha dado con la fórmula matemática para optimizar al máximo el espacio interior de un coche. Un rompecabezas que la marca no ha dudado en denominar IQ...

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Pruebas Toyota iQ 1.0 VVT-i

Proveído Por:

Nota global 13/20

En alusión a las siglas que se emplean en inglés para referirse el coeficiente intelectual. Menos de tres metros de longitud, cuatro plazas y un reducido maletero. Esta es la solución que plantea el primer anti-Smart del mercado.

Han tenido que pasar más de diez años desde su lanzamiento, para encontrar en los concesionarios una verdadera alternativa al Smart Fortwo, el coche que revolucionó el concepto de vehículo urbano en la década pasada, gracias a su reducido tamaño. Entre las reconocidas capacidades del Smart podemos destacar la facilidad para acceder por calles estrechas, aparcar en huecos minúsculos o girar un radio de giro reducido. La sencillez de su mecánica y la buena presentación del interior también son parabienes conocidos del Smart. Ahora, destapemos a su rival.

Conducción 15/20

La principal ventaja que aporta el diseño del IQ frente a los coches actuales de su segmento es la distribución del espacio que permite un uso más práctico que un Smart a pesar de que la carrocería tiene un tamaño parecido. Toyota define el habitáculo del IQ como un “3+1”, es decir un espacio adecuado para tres adultos y un niño. No les falta razón. Detrás del asiento del conductor a penas hay espacio, aunque para salir de un apuro puede ser suficiente. Por otro lado, el asiento del acompañante podemos adelantarlo más de lo normal, gracias a la ausencia de guantera. En su lugar encontramos una bolsa de reducido tamaño que a penas resta espacio para las piernas del acompañante. De esta manera, y aunque parezca que el copiloto viaje ‘adosado’ a la luna delantera, tanto él como el pasajero de detrás tienen espacio de sobra. En definitiva, tres adultos viajarán con suficiente espacio y uno más con serios apuros.

Y esto no es todo, el IQ presume también de maletero (32 litros ampliables a 242 si abatimos los asientos) y de diversos huecos útiles repartidos por el habitáculo, entre los que destaca un cajón oculto bajo la banqueta trasera que ofrece otros 32 litros de capacidad.
Esta impresionante optimización del espacio se ha logrado reubicando los diversos elementos del coche como por ejemplo, el depósito de combustible (de 32 litros), que se ha situado debajo del asiento del conductor. Los respaldos de los asientos son más finos de lo normal y el motor lleva el diferencial por delante del bloque y la caja de cambios, de forma que todo queda integrado por detrás del eje delantero.

Por lo demás, el habitáculo del Toyota IQ no está realizado con la calidad de acabado y con los plásticos de calidad que se espera en un coche de su precio. Sin embargo, puede presumir de ser el coche de su clase más equipado, al menos de momento. De serie, el acabado IQ2 de nuestra unidad de pruebas disponía de llantas de aleación de 15 pulgadas, climatizador, retrovisores y elevalunas eléctricos, control de estabilidad o 9 airbags. Mientras que como opción también se ofrecen: asientos de cuero calefactados, molduras de las puertas con iluminación, navegador, radio cd con lector de formato MP3 y entrada auxiliar tipo USB así como manos libres mediante Bluetooth.

Seguridad 15/20

Además del espacio interior, la otra faceta en la que destaca el IQ es la seguridad. Recientemente se sometió a las pruebas de Euroncap y logró la puntuación máxima, 5 estrellas, con un total del 91% de los puntos obtenidos en protección para adultos, un 71% en protección para niños y un 54% en peatones. Además, la dotación de equipamiento de seguridad que ahora también valora Euroncap logró el 86% de los puntos. Lógico, si reparamos en que el IQ equipa de serie hasta 9 airbags distribuidos por todo en el habitáculo, control de estabilidad ESP o 4 discos de freno, por ejemplo.

Confort 14/20

Descubrimos el nuevo Toyota IQ en nuestro garaje y acapara nuestra atención de inmediato por su apariencia de ‘Smart musculado’. A diferencia del resto de otros coches del segmento A como el Ford Ka, el Citroën C1 o el propio Toyota Aygo, el IQ es casi tan pequeño como un Smart -sólo les separan 30 centímetros de longitud-. Sin embargo, el Toyota es algo más llamativo, si cabe, por su original diseño y su mayor anchura. Ya en el interior del habitáculo contemplamos maravillados las dos plazas traseras de que disponemos.

Nos ponemos en marcha y el IQ nos deleita con una gran facilidad para girar y maniobrar por las calles. Su radio de giro es de 3,9 metros de longitud, es decir, puede girar sobre sí mismo casi como una peonza. Por ejemplo, un Smart -por seguir con la ‘comparativa’- tiene un radio de giro mayor (4,37 metros). Gracias a esta cualidad y a su escasa longitud, conducir el IQ en estas condiciones resulta cómodo e incluso divertido.

Conforme nos alejamos de Madrid por la A1 dirección San Agustín de Guadalix, nuestro entusiasmo disminuye. Y eso que el chasis del IQ es bastante estable y las suspensiones son duras, un efecto buscado en pro de la estabilidad en curva. Para ser justos y tratándose de un coche con una batalla de sólo 2 metros, el bastidor del IQ es bastante eficaz en carretera. En este aspecto también le favorece su ‘gran’ ancho entre vías de 1.480mm en el eje delantero y 1.460 en el trasero. Sin embargo, tanto en autovía como en carretera convencional echamos en falta más empuje del motor, especialmente a bajo régimen.

Ecología 12/20

Mecánicamente, el Toyota IQ puede presumir de uno de los propulsores de gasolina con menor consumo de su clase. Las cifras oficiales nos indican un gasto de 4,3 litros/100 kilómetros lo que equivale a unas emisiones 99 gramos/kilómetro de CO2. Eso sí, con el cambio automático ‘multidrive’ el gasto se incrementa hasta los 5,7 litros y las emisiones a 110 gr/km. En cualquier caso, el mayor inconveniente del cambio automático por variador continuo que equipa el IQ no es el consumo -que en conducción normal se establece en unos 6,1 litros- sino en su pobre respuesta. En las aceleraciones notamos como el motor sube de vueltas con facilidad pero no transfiere a las ruedas toda la fuerza necesaria. Como todo tricilíndrico, es normal que a bajo régimen no ofrezca un rendimiento brillante, pero la lentitud del cambio agrava bastante este efecto. En la parte alta del tacómetro, el rendimiento mecánico mejora notablemente, aunque nos sigue pareciendo una respuesta bastante pobre, sobre todo en carretera.

Valor de compra 9/20

Con un precio que parte de los 12.500 euros, no podemos considerar al IQ como un coche barato precisamente. Lo cierto, es que el coste se justifica parcialmente por la gran dotación de equipamiento de serie y opcional, pero no cabe duda de que lo que más se paga es marca, diseño original y un punto de habitabilidad por encima del Smart. No es menos cierto que si dirigimos la mirada hacia coches de un tamaño ligeramente superior, descubrimos un Ford Ka o un Peugeot 107, más completos, económicos y mejor acabados. Eso sí, no tan manejables como este IQ.

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