En general, el novio y la madrina esperan a la novia (que no debe retrasarse más de 10 minutos) en la puerta del templo, juzgado o ayuntamiento; los invitados, dentro del recinto. El primero en entrar será el novio con su madrina; seguidamente, si hay niños que porten las arras, ellos, y después la novia, del brazo del padrino. Los hombres dan su brazo derecho a las mujeres.
En el altar, ante el juez o el alcalde, los novios y padrinos se sitúan siguiendo este orden, de derecha a izquierda y frente al oficiante: padrino, novio, novia y madrina (en Cataluña, los padrinos no se sientan al lado de los contrayentes, y el novio suele esperar a la novia en el altar).
Los familiares más cercanos han de situarse en los primeros bancos y los amigos al fondo. Lo ideal sería que los invitados del novio se coloquen a la derecha y los de la novia a la izquierda. Esta distribución también es válida para los matrimonios celebrados en sedes judiciales o ayuntamientos.
La salida la encabezará el nuevo matrimonio, seguido del padrino, que da el brazo a la madrina, y el padre del novio con la madre de la novia.
La música más tradicional y conocida es La marcha de Tannhauser, de Wagner, o el Coro de Judas Macabeo, de Haendel, para entrar; y el Aleluya, de Haendel, las Marchas nupciales de Lohengrin, de Wagner, o La Coronación del profeta, de Meyerber, para la salida.
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