Se suelen presentar una textura fluida y se necesita muy poca cantidad de producto para aplicar sobre cara y cuello mediante ligeros toques con la yema de los dedos.
Aptos para cualquier tipo de piel
Los sérums están concebidos para satisfacer múltiples necesidades que varían en función del tipo de piel y la edad, y por eso existen en el mercado sérums hidratantes, iluminadores, antiarrugas o reafirmantes.
Para utilizar un sérum es preferible anticiparse a los primeros síntomas de envejecemiento, pérdida de elasticidad o resecamiento, ya que aunque todavía no resulten evidentes, a partir de los 25 años se produce una disminución en la producción de colágeno y elastina debido al propio envejecimiento cronológico y a otros factores ambientales.
Complementan a las cremas
Es importante destacar acerca de los sérums, que no sustituyen a ninguna crema, ya que se trata de productos complementarios y deben utilizarse siempre conjuntamente con los tratamientos hidratantes y nutritivos.
Cada problema requiere un tipo de sérum: Los hay hidratantes, sebo-reguladores, equilibrantes, regeneradores, despigmentantes, nutritivos, exfoliantes… aunque los más habituales son los antienvejecimiento, con efecto tensor.
A cada edad, un sérum
• A los 20 años, hidratación. El objetivo es calmar la epidermis de las agresiones externas: exposición al sol, polución...
• A los 30 años, luminosidad. Antes de que aparezcan las arrugas, el rostro empieza a mostrar signos de fatiga. Aplícalo por la mañana para tener buena cara.
• A los 40 años, antiarrugas. Es el momento de recurrir a él por la mañana y por la noche, para atacar las arrugas y las primeras manchas.
• A los 50 años, remodelar. Por la mañana y por la noche y con una crema, para fortalecer los tejidos del rostro y evitar que se descuelguen.
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