Tiendas infantiles Camargo Cantabria

Las actitudes consumistas de los primeros años, entre los 6 y los 10 años, se desarrolla en función de la publicidad y de las decisiones de sus padres. Aquí conocerás más a cerca del consumismo infantil...

Psicologa Elena Hernando Isla Leopoldo Pardo, 2 Bajo - Prox. A Estacion  
942223046
Leopoldo Pardo 2
Santander, Cantabria
Hernandez Fernandez Mercedes
942244076
Numancia 4
Santander, Cantabria
Jaosaya Sl  
942235321
Camilo Alonso Vega 30
Santander, Cantabria
Psicologa Carmen Fuertes De Uña San Fernando, 62 - 2ºc  
942376209
San Fernando 62
Santander, Cantabria
Lopez Ruiz Jose Antonio
942360016
Castilla 33
Santander, Cantabria
Hernandez Fernandez, Mercedes - Psicologa Plaza Numancia, 4 Local  
942244076
Numancia 4
Santander, Cantabria
Fuertes De Uña Maria Del Carmen
942376209
San Fernando 62
Santander, Cantabria
Lopez Martinez Maria Luisa
942331540
Vargas 75
Santander, Cantabria
Hernando Isla Elena
942223046
Leopoldo Pardo 2
Santander, Cantabria
Psicologo Estandia Galan, Ruben Miguel Artigas, 6 - 4º B  
942225388
Miguel Artigas 6
Santander, Cantabria
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El Consumo Infantil

“¡Qué blanca lleva la falda la niña que se va al mar! ¡Ay niña, no te la manche la tinta del calamar!”
Rafael Alberti.

INTERCAMBIO DE UN PRODUCTO POR DINERO

A partir de los 10 años, el entorno de consumo se amplia y se dejan influir también por los que opinan y tienen sus amigos. Al mismo tiempo aumenta el interés de los pequeños por manejar dinero, inexistente en los primeros años de la infancia.

La ropa es uno de los primeros territorios en los que los chavales actúan independientemente en su elección y presionan a los padres a la hora de elegir marcas. Su gran objetivo se convierte en conseguir del siempre receloso bolsillo paterno lo que quieren: esa y aquella marca que también tiene su amiga o amigo.

Ninguno de ellos busca la calidad de las prendas de vestir, tan sólo les importa las etiquetas. Aquí es donde se producen los primeros “chantajes” infantiles. Si los mayores les compran ropa que ellos no han elegido o les disgusta, amenazan a los padres con no ponérsela.

En cuanto a otras compras, las más habituales se refieren a temas domésticos. Los tradicionales “recados” donde los más pequeños comienzan a desarrollar una educación consumista mediante la observación. Lo mismo ocurre, cuando van con sus padres a hacer compras alimenticias, presionando a los mayores para que compren aquellos alimentos de su preferencia, dejándose llevar por la publicidad, los envoltorios y las modas.

El dinero, algo que en un principio carece de interés para los más pequeños, se convierte a partir de los diez años en una necesidad. Las fuentes de ingresos son muy variadas, desde las propinas por hacer algún trabajo en casa, las recompensas económicas por los aprobados, el dinero recibido por el cumpleaños, la paga semanal que puede oscilar entre los seis y diez euros, cantidad que no incluye el goteo de dinero que significa para los padre la compra de bollos para la merienda o los cines.

Lo más normal es que los niños dediquen sus ingresos habituales, cuando son pequeños, a golosinas, cromos y juguetes de poco valor. A partir de los diez años este dinero se destina a hamburguesas o pizzas, los platos favoritos de los niños. Los ingresos extraordinarios más cuantiosos, lo dedican a compras más caras, como son videojuegos. En algunas familias, los ingresos extraordinarios de los pequeños se colocan en una cartilla de ahorro.

Para los padres el deseo consumista de los pequeños se relaciona con los objetos que hay en el mercado, por lo que detectan una falta de imaginación de sus hijos. Además, manifiestan que la influencia de la publicidad es total a la hora de consumir. Sus prendas de vestir, sus juguetes y demás productos son elegidos por los pequeños en función de la publicidad.

En definitiva, para los n...

De: Francisco Arias Solís


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