Chupetes Marbella Andalucía
El afán por succionar, fuera de la alimentación, es una necesidad que en mayor o menor medida todos los bebés tienen que satisfacer. Si desea continuar leyendo el artículo, pulse aquí...
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¿Dedo o Chupete?
Que lo hagan chupándose el dedo o con el chupete depende en parte del niño y en parte de sus padres.
1. Del puño al dedo pulgar
Empecemos diciendo que no hay nada malo en que tu hijo, en sus primeros meses, se chupe las manos o los dedos. Tiene sus motivos: así te indica que quiere comer, que se está relajando. Antes de intervenir, atiende a sus razones:
Hambre. En su primer mes tu hijo tendrá los puños casi siempre cerrados. Se chupará los nudillos o el dorso de la mano y a menudo será porque tiene hambre.
Exploración. El recién nacido succiona por reflejo cuando algo suave roza su boca, como su mano, pero a los 2 o 3 meses este acto es distinto: empieza a descubrir sus manos, el comienzo de descubrirse a sí mismo, y a coordinar para llevárselas a la boca.
Placer. Los bebés descubren pronto el placer que proporciona chupar. Y cuando lo hacen es porque lo necesitan. El hecho de que al fin se decanten por el dedo pulgar de la mano es sólo cuestión de comodidad.
2. Así le ayuda
Es positivo que el bebé chupe para tranquilizarse en vez de llorar, pues así aprende que no todas sus necesidades requieren de mamá para ser satisfechas. Además, la succión:
Le alivia. En situaciones de dolor, enfermedad o malestar, actúa como un suave analgésico.
Le entretiene. Durante meses este será uno de sus pasatiempos favoritos.
Le relaja. Como descubrió antes de nacer, chupar es un buen tranquilizante y le ayuda a conciliar el sueño.
Le da seguridad. El dedo en la boca le evoca el pezón de mamá o a la tetina del bibe cuando ella le daba las tomas. Así se siente más seguro para afrontar las novedades.
3. Cuando es un problema
Desde los 6 meses, coincidiendo con la salida de los dientes, la succión del pulgar va disminuyendo y a los 2 o 3 años tendría que haber desaparecido. Pero algunos lo mantienen hasta los 5, 6 o incluso 8 años.
Mal hábito. Puede ocurrir si le quitas el chupete a la fuerza, le regañas por chuparse el dedo o si siente inseguridad y no aprende otros recursos (jugar, dialogar) para vencerla.
Problemas dentales. Si chupa el dedo con insistencia varias horas al día, además de analizar la causa de su ansiedad, ve al ortodoncista para prevenir alteraciones en los dientes o paladar.
4. Cómo quitarle el hábito
A los 8 años la inmensa mayoría de los niños han dejado de chuparse el dedo. Así que no te agobies, lo más probable es que el tuyo lo logre. Para ayudarle:
Procura que el hábito no se desarrolle. Para ello tienes que permitirle satisfacer, con el dedo o con el chupete, su fuerte instinto de chupar en los primeros meses.
Aplica la ignorancia sistemática: no hables del tema, no le critiques ni le elogies y no le mires cuando se chupe el dedo. Si eres constante, su hábito disminuirá poco a poco.
Traza un plan: enséñale técnicas de relajación, hazle consciente de su hábito y limítale los lugares y horas en que puede chuparse el dedo.
5. ¿Lo sabías?
Las ecografías revelan que muchos fetos chupan con fruición su pulgar desde la semana 20 de gestación y que la succión aumenta a partir de la semana 32.
En el recién nacido, la lengua y los labios son las zonas con mayor desarrollo táctil y con más terminaciones nerviosas capaces de registrar estas sensaciones. Por eso la boca es el órgano con el que el bebé explora los objetos en su “etapa oral”.
El hábito de chupar cosas para conocerlas va remitiendo desde los 6-8 meses y cede su protagonismo en la exploración táctil a unas manos cada vez más hábiles.
1. Del puño al dedo pulgar
Empecemos diciendo que no hay nada malo en que tu hijo, en sus primeros meses, se chupe las manos o los dedos. Tiene sus motivos: así te indica que quiere comer, que se está relajando. Antes de intervenir, atiende a sus razones:
Hambre. En su primer mes tu hijo tendrá los puños casi siempre cerrados. Se chupará los nudillos o el dorso de la mano y a menudo será porque tiene hambre.
Exploración. El recién nacido succiona por reflejo cuando algo suave roza su boca, como su mano, pero a los 2 o 3 meses este acto es distinto: empieza a descubrir sus manos, el comienzo de descubrirse a sí mismo, y a coordinar para llevárselas a la boca.
Placer. Los bebés descubren pronto el placer que proporciona chupar. Y cuando lo hacen es porque lo necesitan. El hecho de que al fin se decanten por el dedo pulgar de la mano es sólo cuestión de comodidad.
2. Así le ayuda
Es positivo que el bebé chupe para tranquilizarse en vez de llorar, pues así aprende que no todas sus necesidades requieren de mamá para ser satisfechas. Además, la succión:
Le alivia. En situaciones de dolor, enfermedad o malestar, actúa como un suave analgésico.
Le entretiene. Durante meses este será uno de sus pasatiempos favoritos.
Le relaja. Como descubrió antes de nacer, chupar es un buen tranquilizante y le ayuda a conciliar el sueño.
Le da seguridad. El dedo en la boca le evoca el pezón de mamá o a la tetina del bibe cuando ella le daba las tomas. Así se siente más seguro para afrontar las novedades.
3. Cuando es un problema
Desde los 6 meses, coincidiendo con la salida de los dientes, la succión del pulgar va disminuyendo y a los 2 o 3 años tendría que haber desaparecido. Pero algunos lo mantienen hasta los 5, 6 o incluso 8 años.
Mal hábito. Puede ocurrir si le quitas el chupete a la fuerza, le regañas por chuparse el dedo o si siente inseguridad y no aprende otros recursos (jugar, dialogar) para vencerla.
Problemas dentales. Si chupa el dedo con insistencia varias horas al día, además de analizar la causa de su ansiedad, ve al ortodoncista para prevenir alteraciones en los dientes o paladar.
4. Cómo quitarle el hábito
A los 8 años la inmensa mayoría de los niños han dejado de chuparse el dedo. Así que no te agobies, lo más probable es que el tuyo lo logre. Para ayudarle:
Procura que el hábito no se desarrolle. Para ello tienes que permitirle satisfacer, con el dedo o con el chupete, su fuerte instinto de chupar en los primeros meses.
Aplica la ignorancia sistemática: no hables del tema, no le critiques ni le elogies y no le mires cuando se chupe el dedo. Si eres constante, su hábito disminuirá poco a poco.
Traza un plan: enséñale técnicas de relajación, hazle consciente de su hábito y limítale los lugares y horas en que puede chuparse el dedo.
5. ¿Lo sabías?
Las ecografías revelan que muchos fetos chupan con fruición su pulgar desde la semana 20 de gestación y que la succión aumenta a partir de la semana 32.
En el recién nacido, la lengua y los labios son las zonas con mayor desarrollo táctil y con más terminaciones nerviosas capaces de registrar estas sensaciones. Por eso la boca es el órgano con el que el bebé explora los objetos en su “etapa oral”.
El hábito de chupar cosas para conocerlas va remitiendo desde los 6-8 meses y cede su protagonismo en la exploración táctil a unas manos cada vez más hábiles.