Rolls Royce Santander Cantabria

Conducir un coche de medio millón de euros es algo que no se presenta todos los días, pero conducir toda la gama Rolls Royce es una suerte que difícilmente se tiene...

Alimentos Integrales  
942232243
San Luis 34
Santander, Cantabria
Brio Motor S.A. Avda. Parayas, S/N.  
942332234
Parayas 1
Santander, Cantabria
Nueva Torrelavega Asistencia Paseo Del Niño, 4  
942880300
Niño 4
Torrelavega, Cantabria
Setien Herra Y Cia S.A.  
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Bilbao 93
Torrelavega, Cantabria
AUTOPALAS
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Avenida Parayas, 20
Santander, Cantabria
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Santander, Cantabria
Lumarca Motor S.L.  
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942880300
Niño 4
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EUROMASTER AUTOMOCIÓN Y SERVICIOS S.A.
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Conducimos la Gama Rolls Royce

Los tres Rolls esperan en un palacete de las afueras de Madrid. El día es frío y gris, casi como si estuviéramos a las afueras de Londres. Lo primero que impresiona son sus descomunales medidas, 5,60 metros para los “pequeños” Coupé y Drophead (el cabrio) y 5,83 para el Phantom; y eso que es el de batalla corta, porque el largo supera los seis metros.

5,60 metrosde Coupé

Empiezo por el Coupé, el más novedoso. Lo primero que sorprende es que las puertas se abren al revés, como en los primeros 600. Me pongo a buscar cada uno de los mandos e interruptores, pero necesito ayuda de un responsable de la marca porque no hay forma de localizarlos.

Una guantera con tapa situada en el apoyabrazos central alberga los mandos para regular los asientos y los retrovisores, otra tapa oculta el mando del equipo de navegación y sonido (idéntico al iDrive de BMW); pero no encuentro la pantalla. Pulsando un precioso interruptor el reloj se da la vuelta y aparece la pantalla. El contacto está a la izquierda, junto con unas curiosas y poco ergonómicas palancas cromadas para las luces. Ahora que creo que ya lo tengo todo controlado empiezo a fijarme en los detalles; el magnífico cuero que lo recubre todo, los cromados y, ¡sorpresa! el interior del techo está formado por un sinfín de lucecitas de fibra óptica que simulan un cielo estrellado. Un precioso “gadget” que seguro que ya había inventado algún tunero.

Me pongo en marcha y aunque la estatuilla del “Espíritu del Éxtasis” del capó me sirve de referencia, la sensación es de que estoy conduciendo algo que no sé muy bien dónde acaba. Además, la visibilidad hacia atrás es casi nula. La diminuta palanca del cambio situada en la columna de dirección sólo tiene tres posiciones, D, R y N, porque la posición P se consigue presionando la propia palanca. No hay posibilidad de uso como secuencial, pero seguro que sus propietarios no piensan hacer tal uso.

La suavidad es absoluta. La suspensión neumática -con unos tarados realmente blandos, a pesar de que los responsables aseguran que el Coupé es el más duro de suspensión- parece sobrevolar los badenes que me encuentro antes de llegar a la autopista. Acelero a fondo para incorporarme y casi sin darme cuenta estoy a 160 kilómetros por hora. Aquí descubro otra curiosidad, no hay cuentavueltas sino un indicador de reserva de potencia; a 120 km/h queda más del 90% de potencia. Cosas de llevar un poderoso V12 de 6,7 litros y 460 caballos, construido por BMW pero que sólo utilizan los Rolls. El ruido aerodinámico de los enormes retrovisores se hace notar demasiado y desentona, porque ni el motor ni los rozamiento propios de la rodadura (sobre todo con unas enormes ruedas de 21 pulgadas) se llegan a notar en el interior.

El cambio es excelente incluso en retención, aunque con un par motor de 73, 4 kgm hasta mover los 2.600 kilos de este Rolls resulta fácil. La dirección es otro elemento que me sorprende, pues esperaba un tacto mucho más blando e impreciso. Con tres vueltas de volante entre topes y una equilibrada asistencia es fácil hacerse con sus movimientos, aunque calcular el espacio que necesita para girar es otra cosa. Llego a las curvas del puerto de Guadarrama. Perfecto por comodidad y suavidad pero balancea bastante hasta que llegar a apoyar con firmeza. No se presta a una conducción deportiva pero desde luego su agilidad es sorprendente para su tamaño y peso.

Drophead: lujo a cielo abierto

Llega el momento del cambio y ahora me paso al Drophead. Misma silueta del Coupé pero con techo de lona. La operación de abrir y cerrar la capota exige casi 40 segundos, frente a los poco más de 20 de la mayoría de los cabrios modernos; pero es que es mucha capota la que hay que mover y plegar. Al abrirse deja al descubierto unas preciosas aplicaciones en madera de teca que envuelven los laterales y la parte posterior de los asientos traseros, casi como si de un fuera borda de los 70 se tratara. En marcha la sensación es exactamente igual que con el Coupé. El techo ofrece un aislamiento perfecto y la comodidad vuelve a envolverlo todo.

A pesar de la temperatura exterior disfruto de la experiencia de conducir un Rolls descapotado. El curioso diseño del parabrisas, con dos montantes a los lados que incluyen cristales triangulares, parece aislar de las corrientes de aire hasta acercarnos a los 100 km/h.

Phatom: un salón sobre ruedas

Ahora me toca la berlina, el Phantom. El salpicadero y las sensaciones al volante son idénticos a los otros dos. Soy incapaz de apreciar diferencias de comportamiento o prestaciones, al menos en medio del tráfico normal de una carretera y una autopista. Pero este Rolls exige una prueba diferente y convenzo a Cristian, el fotógrafo, para que conduzca unos kilómetros... mientras yo voy en el asiento trasero. Después de protestar accede. Creo que esta es la mejor manera de disfrutar del Phantom. Un cómodo asiento trasero, casi un sofá, nos acoge y el montante trasero hace que casi quedemos ocultos de las miradas curiosas del exterior. Bajo el asiento hay una nevera para dos botellas, pero está vacía. Brindar con un buen champán hubiera sido la mejor manera de terminar el recorrido y el día Rolls. Una experiencia inolvidable.

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