Citroen C5 Albacete Castilla La Mancha
A continuación les presentamos la comparación de dos de los mejores autos del momento: Citroen C5 Tourer vs Honda Accord Tourer. Continúe leyendo el artículo...
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Citroen C5 Tourer vs Honda Accord Tourer
Si hace algunos años los vehículos familiares eran una simple variante de las carrocerías sedán, hoy día nos encontramos con versiones familiares que tienen una personalidad propia. No son simples y poco agraciadas rancheras, sino verdaderos ejercicios de diseño. Éste es el caso de las dos opciones que te proponemos en esta comparativa: el Citroen C5 Tourer y el Honda Accord Tourer.
Un primer vistazo a las medidas de ambas opciones ya nos delata diferencias. El C5 es más largo que el Accord y la capacidad del maletero también es mayor: 505 litros contra 395, aunque el Honda cuenta con un doble fondo que añade 53 litros, es decir, la capacidad total es de 448 litros. En lo que sí coinciden ambos es en la apertura eléctrica del maletero, un gadget opcional en el Citroen y muy útil, que nos permite no tener que ‘luchar’ contra el amortiguador hidráulico de los portones. Así, basta con pulsar un botón para abrir y cerrar.
Capacidad de carga
En este caso Citroen va más allá al incluir un mecanismo que permite graduar la apertura de la puerta para que, por ejemplo, no golpee contra el techo si estamos en un garaje. En el Honda el sistema se para automáticamente si detecta un obstáculo. En ambos casos encontramos además diferentes huecos para llevar pequeños objetos, redes y ganchos que permiten sujetar los equipajes.
Asimismo, si no tenemos suficiente capacidad de carga, podemos abatir los asientos o recurrir a un portaequipajes adicional en el techo, ya que los dos modelos cuentan con barras de sujeción de serie.
Una vez colocada la carga nos ponemos al volante. Lo primero que llama la atención al sentarnos en el C5 es lo cómodos que resultan los asientos, que recogen bien y son más blandos que en el Accord. Además, cada vez que paramos el motor, la butaca del conductor se echa hacia atrás para facilitar la entrada y salida, volviendo a su posición inicial al sentarnos de nuevo. Una vez dentro, comprobamos que el equipamiento tecnológico del C5 es de primera. La versión probada contaba con asientos de piel, pero éstos pueden llevar calefacción e incluso masaje, todo ello previo pago de un pack que cuesta 6.790 euros e incluye, por ejemplo, equipo de sonido, cortinillas o navegador NaviDrive.
Al acceder al Honda y sentarnos nos quedamos literalmente encajados en los asientos. Son claramente más deportivos que los del Citroen. La posición también es más baja e incita a practicar una conducción más racing. El diseño del salpicadero es muy parecido al Civic, con una línea muy moderna, aunque toda la profusión de botones lleva consigo un periodo de adaptación para que el manejo resulte más intuitivo, algo que también ocurre en el C5. En cuanto a las plazas traseras, aunque Honda ha mermado la capacidad del maletero para ofrecer más espacio a los ocupantes, la sensación de amplitud es mayor en el C5.
En movimiento
Nada más arrancar el C5 enfatiza su carácter más burgués. En su instrumentación digital llama la atención la inclusión de un termómetro de aceite, un tipo de información propia de un coche deportivo. Su inclusión parece más una cuestión de diseño y configuración de los relojes de instrumentación –tres esferas–, que por una utilidad propiamente dicha.
Nuestra unidad de pruebas contaba con cambio automático de seis velocidades, que si bien goza de bastante suavidad y rapidez al cambiar de marcha, su manejo exige concentración, sobre todo al principio. Esto se debe a que el movimiento de la palanca no sigue el esquema tradicional. La citada palanca tiene un recorrido serpenteante con las diferentes posiciones. Por ejemplo, la marcha atrás no está la última ni la primera, sino en la parte alta del recorrido.
Así, decidimos no complicarnos y situar el pomo en la posición ‘D’. Para emprender la marcha debemos quitar el freno de mano, ya que a pesar de que es electrónico, no se desconecta automáticamente al comenzar a circular como ocurre, por ejemplo, en el C4 Picasso. El conocido motor HDI de 136 caballos acusa el peso del conjunto, 1.770 kilos, sobre todo en las recuperaciones y adelantamientos. Debemos recurrir al cambio si queremos rodar de manera ‘alegre’. En este caso el comportamiento dinámico es bueno y la suspensión Hidractiva no defrauda, sobre todo si optamos por el modo sport. El coche se muestra entonces más estable y rígido, aunque siempre debemos tener presente que no estamos ante un GTI, sobre todo por las inercias que aparecen en situaciones ‘complicadas’.
Tacto diferente
En el Accord, nada más introducir la llave y girar el contacto, un pitido nos advierte de que debemos ponernos el cinturón de seguridad. Iniciamos la marcha y comprobamos lo bien que empuja el motor, más ‘lleno’ que el del C5, no en vano tiene 14 caballos más y el peso total del conjunto es inferior en 136 kilos. El propulsor además es muy progresivo y, sobre todo, ofrece una gran estirada, que permite llegar hasta las 5.000 revoluciones. El cambio tiene un manejo preciso, con una palanca muy corta y como es norma ‘de la casa’, el cuadro de instrumentos cuenta con un económetro con dos flechas que nos indica el momento óptimo para cambiar de marcha, siempre atendiendo a criterios de consumo no prestacionales. Su funcionamiento, en el caso de las reducciones, es en algunas ocasiones poco realista, ya que cuando el motor está prácticamente agotado nos indica que debemos reducir.
Dinámicamente, el Accord es muy equilibrado, aunque la suspensión más bien blanda y con mucho recorrido invita a una conducción rutera. En definitiva, ambas opciones son coches familiares que aportan un plus de imagen cuidada y funcional.
Un primer vistazo a las medidas de ambas opciones ya nos delata diferencias. El C5 es más largo que el Accord y la capacidad del maletero también es mayor: 505 litros contra 395, aunque el Honda cuenta con un doble fondo que añade 53 litros, es decir, la capacidad total es de 448 litros. En lo que sí coinciden ambos es en la apertura eléctrica del maletero, un gadget opcional en el Citroen y muy útil, que nos permite no tener que ‘luchar’ contra el amortiguador hidráulico de los portones. Así, basta con pulsar un botón para abrir y cerrar.
Capacidad de carga
En este caso Citroen va más allá al incluir un mecanismo que permite graduar la apertura de la puerta para que, por ejemplo, no golpee contra el techo si estamos en un garaje. En el Honda el sistema se para automáticamente si detecta un obstáculo. En ambos casos encontramos además diferentes huecos para llevar pequeños objetos, redes y ganchos que permiten sujetar los equipajes.
Asimismo, si no tenemos suficiente capacidad de carga, podemos abatir los asientos o recurrir a un portaequipajes adicional en el techo, ya que los dos modelos cuentan con barras de sujeción de serie.
Una vez colocada la carga nos ponemos al volante. Lo primero que llama la atención al sentarnos en el C5 es lo cómodos que resultan los asientos, que recogen bien y son más blandos que en el Accord. Además, cada vez que paramos el motor, la butaca del conductor se echa hacia atrás para facilitar la entrada y salida, volviendo a su posición inicial al sentarnos de nuevo. Una vez dentro, comprobamos que el equipamiento tecnológico del C5 es de primera. La versión probada contaba con asientos de piel, pero éstos pueden llevar calefacción e incluso masaje, todo ello previo pago de un pack que cuesta 6.790 euros e incluye, por ejemplo, equipo de sonido, cortinillas o navegador NaviDrive.
Al acceder al Honda y sentarnos nos quedamos literalmente encajados en los asientos. Son claramente más deportivos que los del Citroen. La posición también es más baja e incita a practicar una conducción más racing. El diseño del salpicadero es muy parecido al Civic, con una línea muy moderna, aunque toda la profusión de botones lleva consigo un periodo de adaptación para que el manejo resulte más intuitivo, algo que también ocurre en el C5. En cuanto a las plazas traseras, aunque Honda ha mermado la capacidad del maletero para ofrecer más espacio a los ocupantes, la sensación de amplitud es mayor en el C5.
En movimiento
Nada más arrancar el C5 enfatiza su carácter más burgués. En su instrumentación digital llama la atención la inclusión de un termómetro de aceite, un tipo de información propia de un coche deportivo. Su inclusión parece más una cuestión de diseño y configuración de los relojes de instrumentación –tres esferas–, que por una utilidad propiamente dicha.
Nuestra unidad de pruebas contaba con cambio automático de seis velocidades, que si bien goza de bastante suavidad y rapidez al cambiar de marcha, su manejo exige concentración, sobre todo al principio. Esto se debe a que el movimiento de la palanca no sigue el esquema tradicional. La citada palanca tiene un recorrido serpenteante con las diferentes posiciones. Por ejemplo, la marcha atrás no está la última ni la primera, sino en la parte alta del recorrido.
Así, decidimos no complicarnos y situar el pomo en la posición ‘D’. Para emprender la marcha debemos quitar el freno de mano, ya que a pesar de que es electrónico, no se desconecta automáticamente al comenzar a circular como ocurre, por ejemplo, en el C4 Picasso. El conocido motor HDI de 136 caballos acusa el peso del conjunto, 1.770 kilos, sobre todo en las recuperaciones y adelantamientos. Debemos recurrir al cambio si queremos rodar de manera ‘alegre’. En este caso el comportamiento dinámico es bueno y la suspensión Hidractiva no defrauda, sobre todo si optamos por el modo sport. El coche se muestra entonces más estable y rígido, aunque siempre debemos tener presente que no estamos ante un GTI, sobre todo por las inercias que aparecen en situaciones ‘complicadas’.
Tacto diferente
En el Accord, nada más introducir la llave y girar el contacto, un pitido nos advierte de que debemos ponernos el cinturón de seguridad. Iniciamos la marcha y comprobamos lo bien que empuja el motor, más ‘lleno’ que el del C5, no en vano tiene 14 caballos más y el peso total del conjunto es inferior en 136 kilos. El propulsor además es muy progresivo y, sobre todo, ofrece una gran estirada, que permite llegar hasta las 5.000 revoluciones. El cambio tiene un manejo preciso, con una palanca muy corta y como es norma ‘de la casa’, el cuadro de instrumentos cuenta con un económetro con dos flechas que nos indica el momento óptimo para cambiar de marcha, siempre atendiendo a criterios de consumo no prestacionales. Su funcionamiento, en el caso de las reducciones, es en algunas ocasiones poco realista, ya que cuando el motor está prácticamente agotado nos indica que debemos reducir.
Dinámicamente, el Accord es muy equilibrado, aunque la suspensión más bien blanda y con mucho recorrido invita a una conducción rutera. En definitiva, ambas opciones son coches familiares que aportan un plus de imagen cuidada y funcional.