Chevrolet Albacete Castilla La Mancha

El Chevrolet Camaro es uno de los llamados pony car, coches de carrocería coupé, tamaño medio y muy potentes con propulsión trasera, aunque de concepción más simple que los superdeportivos...

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Chevrolet Camaro SS

Pues bien, desde que la última versión del Camaro dejó de venderse en 2002, la estirpe de los pony-car quedó reducida a un solitario Ford Mustang. El Mustang se volvió retro en 2005, y el consiguiente revuelo en el mercado animó a Dodge y Chevy a sacar sus rocines del establo para rivalizar contra el Ford. Dodge fue la primera en resucitar a su Challenger en 2008, y ahora (justo cuando el Mustang recibirá una importante actualización) Chevrolet empieza finalmente la producción de su renacido Camaro, para completar así otra vez el triunvirato de los pony-cars.

La comparativa entre los tres ‘caballitos’ aún tendrá que esperar, pero de momento ya podemos analizar el Nuevo Camaro, que nos ha parecido el más moderno y ‘fresco’ de los tres. Construido sobre la gran plataforma Zeta de General Motors, goza de suspensión independiente y un tren rodante moderno; por fuera, su estilo es evocador pero contemporáneo, así que no es un coche completamente retro. Con un motor V6 de 3.6 litros y 304 caballos de potencia, el Camaro básico ya es casi tan potente como el Mustang GT, así que imaginaros lo que puede hacer con un motor 6.2 V8 de Corvette y 426 caballos bajo el capó.

¿Es rápido o no?

Con la caja de cambios automática de seis velocidades, el Camaro SS pasa de 0 a 100 kilómetros/hora en tan sólo 4,6 segundos, mientras que completa 400 metros desde parado en 13,1 segundos, y sale a 176 kilómetros/hora. La versión manual necesita dos décimas más para alcanzar los 100, pero le recorta una en los 400 metros, gracias a su potencia ‘íntegra’ de 426 caballos. Por comparación, el Ford Mustang GT y el Dodge Challenger R/T están claramente por detrás. Sólo el Challenger SRT8, con 425 caballos y el motor 6.1 Hemi logra una aceleración similar. Así que hasta que Ford lleve al gimnasio a su Mustang GT, el Camaro está en primera línea.

En cuanto al comportamiento, nos ha parecido que el Camaro va muy, pero que muy bien en carretera. En nuestras pruebas se agarró hasta conseguir 0,92 G en superficie deslizante, gracias en parte a la suspension independiente multibrazo y a los neumáticos Pirelli P Zero en medida 245/45 delante y 275/40 detrás, montados sobre llantas de 20 pulgadas. La dirección de desmultiplicación variable nos ha gustado, como ya nos ocurrió con el Pontiac G8, que comparte base mecánica con el Camaro.

Agárrate a la palanca

El manejo del cambio y su escalonamiento nos parecen agradables, con las marchas cercanas entre sí para mantener al motor en su mejor franja de utilización. Los viajes más largos pueden afectar ligeramente a tu pierna izquierda, pero ocurre lo mismo con los otros deportivos con los que se mide el Camaro.

En todo caso, algunos conductores preferirán la caja automática de seis velocidades, que incluye levas tras el volante para facilitar la operación de cambio. Chevrolet también cuenta con un modo automático Sport, que sirve para cambiar a mayor régimen (quizá demasiado elevado), mantener engranadas marchas cortas durante más tiempo (quizá demasiado tiempo), y fuerza las reducciones de forma más abrupta y agresiva. En un trayecto por puertos de montaña, nosotros hemos preferido el predecible sistema manual, si bien los cambios llegan con el acostumbrado retraso de los cambios ‘manumáticos’.

Sorprendente comodidad

El Camaro SS guarda algunas sorpresas. Los motores son bastante silenciosos (lo que puede ser algo decepcionante), aunque por la cara que ponen quienes lo ven en marcha podemos asegurar que desde fuera el panorama es bien distinto. Para viajar a alta velocidad, esto es una buena noticia, porque viajar con un muscle car puede ser un pequeño suplicio. Pero al mismo tiempo, queríamos sentir un recordatorio audible de que estábamos conduciendo algo con 426 caballos locos bajo el pie derecho. El Challenger R/T suena más a cualquier régimen, y esto por no hablar del SRT8, que sonaba como un coche de la NASCAR.

Por otro lado, no hay ruidos aerodinámicos y la moderna plataforma del Camaro se traduce en un excelente balance entre el agarre cuando se conduce rápido y una absorción de baches muy correcta. Además, el volante transmite bastante bien lo que ocurre bajo las ruedas, algo que no se podía ni soñar en un muscle car de los 60.

Otras percepciones

A velocidades más altas es cuando se echa de menos una mejor visibilidad. El capó es enorme y abombado, mientras que por detrás sólo verás mucho techo y unos pilares C de la anchura de una secuoya. Además, decepcionan los plásticos duros que esperábamos fueran desterrados de toda la gama de General Motors pero que han encontrado su sitio en el Camaro. Además, el cuadro de mandos no tiene el mejor aspecto posible y cuesta leer las inscripciones, mientras que algunos botones de la consola central tienen de todo menos ergonomía.
Pero el Camaro es un objeto de deseo. Tiene un buen diseño, un buen pasado, y entrega una aceleración impactante. Si tenemos en cuenta su agresivo precio (al cambio, 17.028 euros para el básico V6, y 22.952 para el brutal SS), es probable que se lleve bien con su legión de fanáticos, y que incluso recoja nuevos aficionados en su nueva vida. ¿Podría ser mejor? Sin duda, pero al menos sus deficiencias atañen principalmente a sus detalles interiores y no a sus cualidades dinámicas. Por cierto, en estos tiempos inciertos y tumultuosos, deberíamos celebrar el mero hecho de que coches como éste existan. Bienvenido a la manada, pequeño pony.

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