Cáncer y sus Procesos Psíquicos Albacete Castilla La Mancha
El cáncer, provoca un impacto emocional al que es difícil sustraerse y sigue siendo una enfermedad que tiene su estigma propio. El cáncer, trasciende los límites de un tumor y de lo que se pueda entender como un individuo, y se extiende en el seno de una sociedad, un grupo, una familia...
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Cáncer y sus Procesos Psíquicos
Cáncer, es un término que provoca un impacto emocional al que es muy difícil sustraerse. De hecho, las estadísticas indican que una de cada cinco personas, sufre de algún cáncer en algún momento de su vida.
Es importante destacar, que la palabra Cáncer, no ha dejado de ser para la sociedad occidental, una enfermedad fatal y misteriosa, pero los avances de las ciencias, han reducido el índice de mortalidad o también puede decirse: han aumentado las posibilidades de sobrevida, en el sentido de que hoy en día el 40% de los enfermos de cáncer, sobreviven a los veinte años de haberle sido diagnosticada la enfermedad, cuando hace unos veinte años atrás, sobrevivía un porcentaje mucho menor de personas.
Y, si bien, la opinión más generalizada da como más fiables, los estudios bioquímicos y celulares frente a cualquier otro tipo de estudio, es innegable que un factor clave en su aparición y desarrollo, es el estado anímico y las condiciones socioculturales, es decir, las condiciones psíquicas. Un ejemplo lo encontramos en los estudios que nos hablan de la depresión como cuadro clínico, que puede llegar a afectar el sistema inmune y entonces se puede acelerar el crecimiento o la aparición de un tumor.
Por otra parte, una persona puede padecer procesos atípicos, sin que necesariamente se le produzca un cáncer; de la misma forma que sin bacilo de Koch no hay tuberculosis, la presencia del bacilo no basta para producirla. Es decir, aunque estén dadas las condiciones necesarias, no es suficiente para que se declare la enfermedad. Parece ser que el cáncer, está íntimamente ligado con la forma de vida que un sujeto lleva adelante como cultura, entonces la pretensión de curar, en el sentido clásico o sea restituir las cosas a su estado anterior, constituye un sinsentido.
El proceso canceroso ni comienza ni termina en el tumor visible o histológicamente comprobable. El cáncer, siendo como es una forma de la vida, no sólo trasciende los límites de un tumor, sino los límites de lo que se pueda considerar un individuo y se extiende en una sociedad. Sus vías de contagio no son las que conocemos para el caso de las enfermedades ligadas a la virulencia de microorganismos bacterianos, sino aquellos otros que más allá de una herencia biológica, de una predisposición, constituyen, digamos una herencia cultural estructurada, es decir, como un lenguaje y tanto la terapéutica del cáncer como su profilaxis, comienzan más allá del individuo, en el seno de una sociedad, un grupo, una familia.
Cada sociedad, según sus hábitos y modos de vida, da lugar a unas enfermedades u otras y genera sus dolencias de riesgo, por ejemplo, muy fumadores o ingestas que conducen a la obesidad mórbida y a sus consecuentes enfermedades, a veces, mortales.
Podemos decir, que en cualquiera de sus formas, el cáncer queda paradigmáticamente asociado a la muerte. Cáncer es lo que mata, así es el sentimiento.
Como definiciones antiguas de cáncer, encontramos en los tratados del siglo XVI, que cáncer es todo lo que desgasta, corroe, corrompe o consume lenta y secretamente, o bien se decía, que es un tumor melancólico que se come partes del cuerpo. La definición literal más antigua es la de una excrecencia, bulto o protuberancia, y el nombre de la enfermedad, del griego kárkinos y del latín cáncer, que significa cangrejo, fue inspirado según Galeno, por el parecido entre las venas hinchadas de un tumor externo y las patas de un cangrejo.
El concepto psicosomático, está en la historia de la medicina desde sus comienzos, y a pesar de que se lo acepta con mayor o menor suerte en distintas épocas y culturas, la causa etiopatogénica es la más antigua. Galeno sostenía que las mujeres melancólicas, eran más propensas a contraer un cáncer que las de temperamento sanguíneo; coincidiendo con esta opinión, recuerdo un estudio psicológico realizado con seis mil mujeres con cáncer, que había observado una mayor incidencia de la enfermedad, en forma tempranamente invasora en pacientes con inestabilidad emocional prolongada.
Si se trata de tratar el cáncer, tratar es un término más amplio que irradiar, operar o inyectar. La imagen organicista, de un elemento destructor que evoluciona de un modo más o menos indiferente, está incorporada completamente en nuestra cultura, y a lo mejor, debemos plantearnos que las cosas no siempre tienen que ser así. Además, de todas las afecciones que a lo largo de la historia han significado una enfermedad sagrada o maldita, el cáncer es con mucha probabilidad la que tiene una imagen más alejada de toda relación con el psiquismo y, sin embargo, es difícil encontrar una palabra que movilice más afectos y en la que los afectos intervengan tanto.
La muerte siempre fue sentida por el hombre como accidente, como un hecho externo que corta la vida. Un fenómeno que en algunas oportunidades es inexplicable desde la razón, y si no somos capaces de concebir los factores psíquicos, dejamos las explicaciones a la voluntad de Dios o de los Dioses, según se mire. Los biólogos, dice Freud, deben avanzar todo lo que puedan. Nosotros también debemos avanzar. Algún día nos encontraremos.
De: Jaime Icho Kozak
Es importante destacar, que la palabra Cáncer, no ha dejado de ser para la sociedad occidental, una enfermedad fatal y misteriosa, pero los avances de las ciencias, han reducido el índice de mortalidad o también puede decirse: han aumentado las posibilidades de sobrevida, en el sentido de que hoy en día el 40% de los enfermos de cáncer, sobreviven a los veinte años de haberle sido diagnosticada la enfermedad, cuando hace unos veinte años atrás, sobrevivía un porcentaje mucho menor de personas.
Y, si bien, la opinión más generalizada da como más fiables, los estudios bioquímicos y celulares frente a cualquier otro tipo de estudio, es innegable que un factor clave en su aparición y desarrollo, es el estado anímico y las condiciones socioculturales, es decir, las condiciones psíquicas. Un ejemplo lo encontramos en los estudios que nos hablan de la depresión como cuadro clínico, que puede llegar a afectar el sistema inmune y entonces se puede acelerar el crecimiento o la aparición de un tumor.
Por otra parte, una persona puede padecer procesos atípicos, sin que necesariamente se le produzca un cáncer; de la misma forma que sin bacilo de Koch no hay tuberculosis, la presencia del bacilo no basta para producirla. Es decir, aunque estén dadas las condiciones necesarias, no es suficiente para que se declare la enfermedad. Parece ser que el cáncer, está íntimamente ligado con la forma de vida que un sujeto lleva adelante como cultura, entonces la pretensión de curar, en el sentido clásico o sea restituir las cosas a su estado anterior, constituye un sinsentido.
El proceso canceroso ni comienza ni termina en el tumor visible o histológicamente comprobable. El cáncer, siendo como es una forma de la vida, no sólo trasciende los límites de un tumor, sino los límites de lo que se pueda considerar un individuo y se extiende en una sociedad. Sus vías de contagio no son las que conocemos para el caso de las enfermedades ligadas a la virulencia de microorganismos bacterianos, sino aquellos otros que más allá de una herencia biológica, de una predisposición, constituyen, digamos una herencia cultural estructurada, es decir, como un lenguaje y tanto la terapéutica del cáncer como su profilaxis, comienzan más allá del individuo, en el seno de una sociedad, un grupo, una familia.
Cada sociedad, según sus hábitos y modos de vida, da lugar a unas enfermedades u otras y genera sus dolencias de riesgo, por ejemplo, muy fumadores o ingestas que conducen a la obesidad mórbida y a sus consecuentes enfermedades, a veces, mortales.
Podemos decir, que en cualquiera de sus formas, el cáncer queda paradigmáticamente asociado a la muerte. Cáncer es lo que mata, así es el sentimiento.
Como definiciones antiguas de cáncer, encontramos en los tratados del siglo XVI, que cáncer es todo lo que desgasta, corroe, corrompe o consume lenta y secretamente, o bien se decía, que es un tumor melancólico que se come partes del cuerpo. La definición literal más antigua es la de una excrecencia, bulto o protuberancia, y el nombre de la enfermedad, del griego kárkinos y del latín cáncer, que significa cangrejo, fue inspirado según Galeno, por el parecido entre las venas hinchadas de un tumor externo y las patas de un cangrejo.
El concepto psicosomático, está en la historia de la medicina desde sus comienzos, y a pesar de que se lo acepta con mayor o menor suerte en distintas épocas y culturas, la causa etiopatogénica es la más antigua. Galeno sostenía que las mujeres melancólicas, eran más propensas a contraer un cáncer que las de temperamento sanguíneo; coincidiendo con esta opinión, recuerdo un estudio psicológico realizado con seis mil mujeres con cáncer, que había observado una mayor incidencia de la enfermedad, en forma tempranamente invasora en pacientes con inestabilidad emocional prolongada.
Si se trata de tratar el cáncer, tratar es un término más amplio que irradiar, operar o inyectar. La imagen organicista, de un elemento destructor que evoluciona de un modo más o menos indiferente, está incorporada completamente en nuestra cultura, y a lo mejor, debemos plantearnos que las cosas no siempre tienen que ser así. Además, de todas las afecciones que a lo largo de la historia han significado una enfermedad sagrada o maldita, el cáncer es con mucha probabilidad la que tiene una imagen más alejada de toda relación con el psiquismo y, sin embargo, es difícil encontrar una palabra que movilice más afectos y en la que los afectos intervengan tanto.
La muerte siempre fue sentida por el hombre como accidente, como un hecho externo que corta la vida. Un fenómeno que en algunas oportunidades es inexplicable desde la razón, y si no somos capaces de concebir los factores psíquicos, dejamos las explicaciones a la voluntad de Dios o de los Dioses, según se mire. Los biólogos, dice Freud, deben avanzar todo lo que puedan. Nosotros también debemos avanzar. Algún día nos encontraremos.
De: Jaime Icho Kozak
