BMW Z4 Alicante Valencia

Mientras que el Porsche Boxster S ha recibido un tratamiento de cosmética y ha heredado tecnología del 911, el BMW Z4 ha cambiado por completo...

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BMW Z4 vs Porsche Boxster S: Nuevas Sensaciones

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Nada más coincidir en el mercado los primeros BMW Z3 Roadster –1995– y Porsche Boxster –1996–, se vieron condenados a enfrentarse. Cada uno ganó adeptos según las preferencias, pero el concepto, salvando las distancias de sus respectivas arquitecturas, era el mismo: biplazas deportivos con mucha personalidad. Durante algún tiempo, ambos modelos evolucionaron en una misma dirección, bajo la indiferente y tranquila mirada del Mercedes SLK, cuyas pretensiones iban por un camino menos radical y más sofisticado.

Las versiones M por parte de BMW, la llegada del Z4 y las sucesivas modificaciones del Boxster mejorando de forma constante su dinámica y su potencia con las variantes S, siguieron estos años por caminos paralelos. Pero ahora esto se ha acabado.

Porsche siempre ha sido de la opinión que un roadster puro debe disponer de una capota blanda, por simplicidad y, sobre todo, por la ligereza. BMW, hasta ahora, opinaba lo mismo. La solución de desarrollar su versión cerrada Coupé a partir del Roadster, al contrario de lo que suele suceder, lo ratificaba. Pero en Munich han cambiado evidentemente de opinión y el nuevo Z4, tataranieto de aquellos sublimes roadsters de la entreguerra, ha roto con la tradición. Su última evolución ha sucumbido ante una cubierta automática rígida y, de paso, ha aprovechado para ceder en lo puramente deportivo en favor de la comodidad, el lujo y la sofisticación. Incluso los responsables de la marca aseguran que esta vez no se contempla versión extrema M.

Cambio de personalidad

Si antes el Z4 era un coche duro, hasta llegar a rudo, con un planteamiento interior muy sencillo y arisco de conducir –sobre todo las versiones más potentes–, nada más tomar contacto con el nuevo Z4 vemos que esta personalidad ha variado completamente. Eso no quiere decir que haya dejado de ser eficaz, todo lo contrario. Las ayudas electrónicas mejoradas, el chasis M de adaptación automática, y el cambio automático DKG no solamente han hecho más fácil y cómoda la conducción del Z4, sino que le han aportado mayor seguridad en sus reacciones.

El Porsche Boxster S, por su parte, sigue en el espíritu de los 550 Spider de los años 50 pero ha adoptado el chasis PSM y el cambio automático PDK estrenados en el 911 y más enfocados a la pura eficacia deportiva. Sus reacciones son ahora más ágiles y rápidas que las del Z4, lastrado por un considerable aumento de peso que le perjudican en las distancias cortas contra el Boxster. Por el contrario, si viajamos por carretera abierta, constatamos a lo largo de los kilómetros que el Z4 se ha vuelto más amable y descansado que el Boxster, en cuyo interior seguimos sintiendo esa firmeza de suspensión, esa impaciencia en las reacciones y esa sequedad de volante de un deportivo puro y duro.

Mientras que en el Z4 la dirección de asistencia variable electromecánica aporta una suavidad de berlina de representación, el Boxster no deja que nos relajemos, ‘leyendo’ la carretera minuciosamente y requiriendo constantes rectificaciones en la trayectoria. En definitiva, exige más conducción que el Z4. Éste, al contrario que su antecesor, resulta mucho menos indómito. Su chasis filtra mucho más, con una exquisita suavidad digna de coches más grandes.

Incluso con su programa de comportamiento en su posición más deportivo, no notamos esa sensación de tabla tan característica de los roadsters más clásicos. Ahora, puede decirse que el Z4 se ha situado equidistante entre la eficacia deportiva del impulsivo Porsche Boxster y la comodidad lúdica del glamuroso Mercedes SLK. Así quedarían pues situados estos tres descapotables, que conforman el verdadero núcleo duro de los roadsters.

En cuanto a los motores del Z4 y el Boxster S, no hacen sino confirmar por sus respectivas personalidades este distanciamiento de planteamientos entre ambos modelos. En los seis cilindros en línea del BMW, nos asombra de inmediato un gigantesco par motor disponible desde casi el régimen de ralentí. La enorme fuerza liberada por el 35i permanece inmutable hasta casi el régimen máximo, por lo que las respuestas en cualquier circunstancia y desarrollo del cambio son tan espectaculares como progresivas. Al acelerar desde abajo, el empuje del Z4 parece no tener fin.

En cambio, el motor bóxer del Boxster S pide más espuela. Para exprimirle todo su potencial requiere una manera de conducir más deportiva, jugando más con el excelente cambio PDK para mantenerlo en su gama alta de revoluciones. El Porsche exige más ‘caña’ para sentirse a gusto, mientras que el BMW, aunque con potencia y prestaciones similares, permite también una conducción delicada, a punta de gas, en los momentos en que prefiramos pasear a experimentar sensaciones fuertes.

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