Ferrari California Alicante Valencia

En el siguiente artículo les presentamos todos los detalles y características de este auto deportivo que sin duda alguna será de su agrado. Continúe leyendo...

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Al Volante del Ferrari California

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Cuando llegamos al hotel Kempinski, donde se va a presentar el renovado California, algunos compañeros sucumben a la tentación de una merienda de pasta siciliana recién cocinada. Ante lo avanzado de la tarde me entran anticipados remordimentos y me bajo al gimnasio antes de la conferencia de presentación del último modelo de Ferrari. Allí me encuentro a un activo deportista con camiseta roja aplicándose en su circuito de pesas. Es Marc Gené, nuestro destacado colaborador en la Fórmula 1. Acaba de llegar del Gran Premio de Brasil para asistir al debut oficial del California y, profesional a tiempo completo, no ha desaprovechado la ocasión de mantener su forma física para afrontar la nueva temporada. Aprovecho la ocasión para pedirle su colaboración en esta primera toma de contacto con el inédito deportivo italiano.

Prejuicios

Por la mañana nos espera una unidad preserie de pruebas a la entrada del hotel. Durante las someras explicaciones que nos dan sobre el accionamiento de la nueva capota, no puedo dejar de sorprenderme por el aspecto y la calidad percibida del nuevo Ferrari. El California está destinado a ganar clientes y adeptos para la marca allí donde antes no los había. Se acabó la idea espartana del sacrificio propio en favor de los dioses mecánicos. En su interior nos sentimos enseguida y naturalmente cómodos, bien tratados y mimados con un completo equipo hasta hace poco incompatible con los mandamientos de la marca. Bastan unas pulsaciones para que los asientos y la dirección de reglaje eléctrico se adapten al milímetro justo a nuestra propia constitución corporal.

En cuanto enfilamos las primeras rectas que nos llevarán desde la costa hacia las montañas del interior, notamos una amortiguación exquisita en su atención con los ocupantes del California. En el tren delantero se ha conservado el esquema habitual de triángulos superpuestos para garantizar la deportividad en el guiado del coche pero, detrás, se ha sustituido esta configuración por una elaborada disposición multibrazo, que dota a la suspensión de más y mayores grados de libertad. El filtrado de las irregularidades ha sido muy mejorado y la verdad es que, a medida que los kilómetros se sucedían por las bellas carreteras de la isla italiana, no aparecía ningún síntoma de cansancio o incomodidad que con frecuencia terminan por maniferstarse en muchos deportivos.

Antes de llegar a las zonas de curvas, ya constatamos que el coche corre. Es más, corre mucho. Quien crea, como creía yo, que el California era un pequeño Ferrari “amable”, se engaña. Sin manifestar a bajo y medio régimen la espectacular sonoridad de un F430, el nuevo V8 del California acelera con una eficacia infalible hasta unos límites muy elevados de prestaciones que nos pillan desprevenidos en nuestro prejuicio de considerarlo un modelo de Ferrari descafeinado.

Volcánico

El ocho cilindros en V a 90 grados fabricado integramente en aluminio es el primero en la historia de Ferrari en ser montado en disposición delantero central. Estrena asimismo la inyección directa de gasolina que, junto con la distribución variable, dota al V8 de una precisión en su respuesta excelente en toda su gama de utilización. Esta se estira sin aparente fin hasta las 8.000 revoluciones por minuto, brindando unas sensaciones puras de Ferrari. Y si todavía tenemos dudas de cómo empuja este nuevo motor, parémonos en el arcén, pulsemos la tecla de máxima aceleración “Launch”, pisemos a fondo el freno, aceleremos y dejemos libres los 460 caballos del California. En menos de 4 segundos estaremos ya rodando a 100 kilómetros por hora y en 22,1 nos hallaremos un kilómetros más lejos. ¿Quien dijo que el California sería un Ferrari para pasear?

Esta volcánica personalidad del nuevo motor de carrera muy corta –77,4 mm por 94 mm de diámetro de pistón– ha merecido la consideración de asociarlo a una inédita caja de cambios F1 automatizada con doble embrague y siete relaciones. Este mecanismo, situado delante del eje posterior siguiendo la disposición Transaxle de la transmisión, aporta una gran rapidez de actuación pero sin la brusquedad del cambio F1 ya utilizado en otros modelos de Ferrari y Maserati.

Cuando lo utilizamos en forma secuencial, actuando con los dedos sobre las levas del volante, subimos marchas con la derecha de forma instantánea para, al reducir con la izquierda, permitirnos el lujo de bajar dos y hasta tres marchas seguidas sin que el cambio proteste. Todo lo contrario, obedece con una precisión pasmosa y a la vez preserva la integridad mecánica.

Pero lo que más llama la atención de este cambio es su funcionamiento automático, en el que nos despreocupamos de seleccionar la relación y solamente actuamos sobre el acelerador y el freno. Es entonces cuando descubrimos una forma tan cómoda como eficaz de conducir, ya que asimila perfectamente la necesidad de cambiar de relación y lo hace teniendo en cuenta la velocidad, el giro de la dirección y el momento de la frenada, permitiéndose incluso realizar un doble embrague perfecto para mantener el óptimo régimen del motor.

Equilibrio

Otra idea que nos acompañaba en este viaje era la posible consecuencia dinámica de pasar de nuestro idolatrado motor central a un motor delantero. Algo se debería notar al conducir rápido por las vertiginosas pendientes sicilianas. Otra sorpresa nos esperaba sobre el deslizante asfalto de la isla, pues el California se comporta con una nobleza irreprochable y sigue siendo tan divertido como cualquier Ferrari anterior. La principal razón es que en Maranello han logrado dotar al California de un equitativo reparto de pesos casi ideal, de 47 por ciento delante y 53 detrás. El resultado no puede ser mejor y los límites dinámicos vendrán dados por el propio peso del coche, un poco por encima de lo deseable para aprovechar al máximo este soberbio chasis. En este empeño de buscar los límites, la dirección se nos antoja demasiado desmultiplicada, perdiendo algo de precisión en las correcciones más apuradas.

¿Y los frenos? Pues no nos acordamos de ellos hasta que devolvemos con pesar el California. Con discos carbocerámicos de serie, no han perdido un ápice de eficacia en toda una jornada de utilizarlos sin piedad.

Con Marc Gené, su compañía fue tan agradable como enriquecedora

“Han cuidado más el interior que en anteriores modelos. Por dentro se percibe distinto y con mayor calidad. Al arrancar con el cambio en modo automático, todo es suavidad en la respuesta. En autopista se puede mantener con facilidad un ritmo muy rápido gozando de una muy buena sonoridad, incluso descapotado . Cuando empiezas a correr, lo que más me ha gustado es precisamente ese modo automático porque su actuación es realmente deportiva. Cuando llegas a una curva y frenas, baja marchas muy rápido, con un comportamiento muy de competición ya que tiene en cuenta los parámetros de los frenos y la dirección. El chasis ofrece un excelente equilibrio, es cómodo pero deportivo”, nos explica Marc. Para el piloto, la traslación del coche a un circuito es casi obligada. “Me gusta que el control de estabilidad y tracción se pueda desconectar del todo para sentir el California al 100 por 100. Pero yo creo que, en un circuito, un buen piloto rodará al final más rápido con el modo intermedio Sport conectado que sin ningún control electrónico.”

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